
La unión de Eugenia Gómez y Javier Cantú se celebró en un entorno de gran sofisticación, comenzando con una ceremonia religiosa en la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, donde familiares y amigos los acompañaron en un momento íntimo y solemne.
Más tarde, la recepción transformó el lienzo charro en un escenario imponente: una estructura circular de estética contemporánea, coronada por una cúpula metálica cuya altura y ventanales enmarcaban el cielo del anochecer. La iluminación cálida definió una atmósfera elegante, resaltando los nichos perimetrales con arreglos florales secos en tonos neutros.
Al centro, mesas rectangulares en tonalidades marfil reunieron a los invitados en un ambiente pulcro y armonioso. En
la mesa principal, vajilla blanca, cristalería fina y flores en blanco con velas altas acentuaron el carácter romántico de la velada.
Eugenia destacó con un vestido de encaje marfil de manga larga y cuello alto, un diseño clásico que resaltó con su peinado recogido y un velo ligero. Su imagen transmitía serenidad y una elegancia atemporal.
El festejo tomó ritmo desde el primer instante con la música de Amaro Orquesta, mientras la coctelería de Mulatta, las cervezas de I Latina y una torre de champán animaban la convivencia inicial. El banquete, también de I Latina, reunió a todos en una cena cálida y bien servida, antes de que DJ Santi López guiara los bailes familiares y el vals con un toque íntimo.
Entre los detalles más celebrados estuvieron el candy bar de Julie Junk y la estación de tacos de Negro 7 Pilas, que apareció en el momento preciso para acompañar la fase más relajada de la noche.
Como marco previo, a la salida del templo, un grupo de charros montados a caballo ofreció una escena tradicional que añadió un sello profundamente mexicano al día.
La celebración, realizada el 29 de noviembre a las 18:00 horas, transcurrió entre música, brindis y un ambiente festivo que acompañó a la pareja en el inicio de su nueva etapa.





















