
Volver al lugar donde todo comenzó tiene un significado especial. Para Gerardo Sebastián Rivera Cano, trombonista y actual integrante de la Banda de Música del Estado de Nuevo León, regresar a Reynosa no solo representa un reencuentro con sus raíces, sino también una oportunidad de compartir su historia con nuevas generaciones.
¿QUIÉN ES GERARDO SEBASTIÁN RIVERA CANO?
“Me llamo Gerardo Sebastián Rivera Cano, tengo 30 años, soy de aquí de Reynosa, específicamente de Jarachina Sur”, comparte. Su formación lo llevó a la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, consolidando así una carrera que hoy ejerce de manera profesional. “Soy trombonista en la Banda de Música del Estado de Nuevo León”.
¿CÓMO COMENZÓ SU HISTORIA CON LA MÚSICA?
Su acercamiento a la música inició a temprana edad, aunque no precisamente con el instrumento que hoy lo define. “Empecé como a los 13 años… yo realmente no sabía qué era, solo quería divertirme. Mis amigos estaban ahí y dije: ‘pues estar en eso o estar en la casa’… y aquí estoy”.
Antes del trombón, hubo un primer intento musical. “Yo empecé tocando guitarra, unos acordes muy básicos, nada profesional”, recuerda. Sin embargo, el encuentro con el trombón marcó un antes y un después. “Desde que le saqué sonido… ahí me enamoré totalmente de ese instrumento”.
¿CÓMO HA SIDO SU EVOLUCIÓN DESDE AQUELLOS INICIOS?
Con más de 17 años de trayectoria, reconoce que el camino no ha sido sencillo, pero sí profundamente significativo. “Tengo como 20 años con el trombón… y sí, esto ya es a lo que me dedico”.
Regresar a su ciudad también le permite ver con otra perspectiva su propio crecimiento. “Estoy muy feliz de volver, de ver a amigos que no veía desde hace mucho tiempo, tocar con ellos… y ver a los jóvenes que están ahorita e identificarme con ellos”.
¿QUÉ CAMBIOS PERCIBE EN LAS NUEVAS GENERACIONES?
Desde su experiencia, el panorama ha evolucionado. “Antes había cosas, pero no sabíamos hasta dónde podíamos llegar… faltaban atriles, espacios, maestros más especializados”.
Hoy, la realidad es distinta. “Ahora veo que los alumnos ya tienen su aula de trombón, tienen sus sillas, sus instrumentos, un maestro que se preocupa por ellos… yo estudiaba en un pasillo, en el estacionamiento, en el calor”.
Estos cambios, asegura, marcan una diferencia importante. “Sí veo muchísimo cambio, el proyecto realmente es muy bueno”.
SI PUDIERAS HABLAR CON TU YO DEL PASADO, ¿QUÉ LE DIRÍAS?
La respuesta llega desde la experiencia y la reflexión. “Le diría que confíe más en su intuición… que no espere a tener todo perfecto para empezar”.
Pero también hay una invitación a vivir el proceso con más calma. “Que disfrute más… cuando eres joven sientes todo muy intenso, pero con el tiempo entiendes que no todo es así”.
Y, sobre todo, un consejo clave: “Que confíe en mí… no es fácil, pero todo al final sale bien”.
¿QUÉ CONSEJO LE DAS A QUIENES VAN COMENZANDO?
Para quienes hoy inician en la música, su mensaje es claro. “Primero que se diviertan… independientemente de si quieren dedicarse a esto o no”.
Sin dejar de lado la disciplina. “No porque te diviertas deja de ser una disciplina. Tienen que dedicarle tiempo a su instrumento para ser mejores”.
Y algo fundamental: “Escuchen a sus maestros, sobre todo”.
¿A QUIÉN LE AGRADECES ESTE CAMINO?
El reconocimiento a quienes han sido parte de su historia es profundo. “Principalmente a mis padres, porque decidieron apoyarme… mi papá es doctor, mi mamá enfermera, nadie en mi familia había tocado un instrumento”.
Su decisión no fue sencilla, pero sí determinante. “Que su hijo les diga ‘quiero dedicarme a esto’ da miedo… pero se arriesgaron y me apoyaron”.
También destaca a quienes lo han acompañado en el camino. “A mis amigos, porque este camino solo sería muy aburrido… con ellos todo es más llevadero”.
Y a quienes marcaron su formación. “A la maestra Norma Valenzuela… fue un parteaguas en mi vida. Y al IRCA, porque me prestaron mi primer trombón, me dieron un espacio para desarrollarme”.
Finalmente, una gratitud que lo engloba todo: “Y a Dios, claro”.

