


En un entorno dominado por la inmediatez y la producción en masa, existen propuestas que deciden alejarse del ritmo convulso del mundo contemporáneo para construir su propio tiempo y espacio. Ese es el caso de Silfaria, una firma de indumentaria mágica, amuletos y curaduría vintage fundada por Alejandra Villarruel Hernández.
A sus 28 años, esta creadora tapatía – quien también se define como bruja alquimista al frente del proyecto Musgo y Belladona- materializa en cada pieza una puerta hacia lo etéreo. Inspirada en las sílfides, los seres elementales del aire, Silfaria nace no solo como un concepto de moda, sino como una extensión estética de la espiritualidad, la memoria y la ritualidad.
Un portal entre mundos
El universo de Silfaria no se rige por las tendencias del calendario convencional. Es, en palabras de su creadora, la manifestación física de una búsqueda interior articulada a través del rescate y la manipulación de objetos.
“Silfaria es un universo que existe en otro tiempo y espacio. Es una manifestación de un mundo onírico donde existen las hadas, los duendes, los ángeles. Es una puerta a la colección secreta de los tesoros de un hada ambulante entre mundos. El hacer una marca con estas características fue más la materialización de todo un viaje interno, a través de una búsqueda de sentido desde la recolección y manipulación de objetos para crear amuletos y artilugios”.
Esta atmósfera mágica requiere de un proceso de elaboración consciente. Para Alejandra, transformar una idea abstracta o una emoción en metal y piedra exige la creación de una atmósfera particular en su taller: velas aromáticas, inciensos artesanales, aceites botánicos y una banda sonora que transita entre Florence & The Machine, Lorde, AURORA y referentes del indie.
Misticismo, memoria y la resistencia de lo artesanal
El alma de la marca se cimenta sobre tres pilares conceptuales: la belleza entendida como algo profundo y sutil; la ritualidad en cada fase del proceso; y la memoria que resguarda cada pieza. Frente a la cultura del fast fashion, la diseñadora encuentra en el oficio detallado una forma de postura ética e íntima.
“Es una experiencia muy linda poder crear algo con tanta alma, desde conseguir los insumos en talleres locales, tener un contacto directo con las personas y un proceso de creación tan íntimo. Creo verdaderamente que ahí hay una revolución ahora que todo es masivo y con una industria tan destructora detrás. Creo que el valor se encuentra en el mismo proceso, porque al final, aunque las personas en las redes solo ven el resultado, sé que la magia ya está impregnada en la pieza que llegará a sus manos”.
Las referencias creativas que nutren el archivo visual de Silfaria son variadas y eclécticas: desde la arquitectura gótica y los castillos medievales, hasta el cine de Henry Selick (Coraline), la estética de la película Practical Magic, el folclore gaélico, la obra pictórica de Leonora Carrington y la poética musical de artistas como Kate Bush, Enya y Stevie Nicks. Elementos como la simbología religiosa, los cuarzos, los insectos y las formas orgánicas de la naturaleza habitan de manera recurrente en sus colecciones.
El primer acto de una historia en curso
Con una entrega reciente centrada en vírgenes y cruces, la propuesta busca que el portador convierta cada pieza en una herramienta de protección cotidiana y en un puente de conexión con lo sagrado. La fascinación de Alejandra por las joyas antiguas y el vestuario de su abuela se entrelaza hoy con su visión esotérica del diseño.
“Tengo un lado esotérico que me ha enseñado muchas cosas, y una de ellas es viajar y conectar con cosas fuera de esta realidad para sentir y pensar desde miradas distintas, y creo que eso está implícito en las piezas que termino creando”.
Al evaluar el trayecto de la marca, Villarruel reflexiona sobre el estado actual de su proyecto dentro de una narrativa más amplia:
“Creo que apenas estamos en el interludio, quizá como el primer acto de un ballet, donde apenas te están presentando de qué va la historia. Silfaria ha evolucionado junto conmigo, el poder crear algo desde las profundidades de mi ser ha sido un camino hermoso. En este momento lo que le deseo al proyecto es poder conectar con más personas que estén en esta misma búsqueda del sentido en un mundo tan caótico y tan plástico”.
“La carga simbólica de los amuletos transfiere la energía del proceso íntimo directamente hacia las manos de un receptor que busca refugio en lo esotérico.”
Con una entrega reciente centrada en vírgenes y cruces, la propuesta busca que el portador convierta cada pieza en una herramienta de protección cotidiana y en un puente de conexión con lo sagrado. La fascinación de Alejandra por las joyas antiguas y el vestuario de su abuela se entrelaza hoy con su visión esotérica del diseño.
“Tengo un lado esotérico que me ha enseñado muchas cosas, y una de ellas es viajar y conectar con cosas fuera de esta realidad para sentir y pensar desde miradas distintas, y creo que eso está implícito en las piezas que termino creando”.
Al evaluar el trayecto de la marca, Villarruel reflexiona sobre el estado actual de su proyecto dentro de una narrativa más amplia:

