El fundador, autor e innovador en el desarrollo de la Consultoría Holonómica, Donnato de la O, asegura que el arte de la curación es el que enseña a las personas a cambiar sus hábitos de vida, para que conforme a las leyes naturales pueda reconstruir su cuerpo. Desafortunadamente, en una sociedad donde los intereses de la industria alimentaria están por encima del bienestar de la población es necesario que cada quien se convierta en su propio perro guardián.
¿A qué se debe que cada vez sean más las personas que voltean a la medicina alternativa y hacen de su alimentación la medicina?
De acuerdo a la Trofología sólo existe una enfermedad llamada degeneración celular y su principal causa es la acidosis sistémica, la acumulación de desechos ácidos en el organismo. Es decir, un desequilibrio del pH provocado por la incorrecta alimentación.
La Trofología consiste en una técnica curativa que regula la alimentación para mantener un pH armónico con la vida y garantice la cantidad y calidad de nutrientes que el cuerpo necesita para recuperar la salud, desde la perspectiva de que la alimentación basada en agua, frutas, verduras, granos, semillas y nueces, y libres de sustancias tóxicas se orienta hacia el desempeño óptimo del organismo.
En una entrevista con Donnato de la O, quien durante más de 30 años ha fungido como consultor en salud en el papel de “curandero holonómico”, señaló que la solución para un malestar es erradicar los hábitos que lo causan. Por años se ha tratado a la enfermedad como el problema, cuando en realidad ésta es sólo la señal de alarma de un desequilibrio en el organismo.
El verdadero arte de la curación es el que enseña a las personas a cambiar sus hábitos de vida, para que conforme a las leyes naturales pueda reconstruir su cuerpo.
“Las enfermedades no se contraen, se trata de la pérdida de salud. La inmensa mayoría no está enferma, está envenenada por sus hábitos ‘dietéticos’”, aseguró.
Pero, si el Tratamiento Trofológico (TT) es el camino para una mejor calidad de vida ¿por qué nos es tan difícil cambiar nuestra forma de pensar respecto a la alimentación?
Donnato de la O explicó, de manera honesta y contundente, que México es un país plutócrata en el que no hay voluntad política para tener una sociedad sana, por la simple razón de que una sociedad sana no deja “lana”.
Probar la salud y no dejarse embaucar por la mercadotecnia son algunas de las sugerencias que hace para entender que el organismo no nació para estar enfermo.
Según el Tratamiento Trofológico las enfermedades no se contraen y la curación consiste en los hábitos de vida.
En una sociedad capitalista de consumo, bombardeada por alimentos procesados y el estrés continuo, ¿qué recomienda a las personas para iniciar un proceso de cambio en su alimentación y en su estilo de vida? ¿Cómo erradicar su gusto por alimentos que siempre ha comido y ayudarla a mantenerse activa en este proceso, sin flaquear?
En mi opinión, es obvio que las ‘sociedades capitalistas de consumo’, eufemismo para ‘capitalismo depredador salvaje’ ya han demostrado no ser sustentables. Como ejemplo estas estadísticas de salud a nivel nacional: 92 por ciento de la población enferma, un tercio del país diabético, adultos y niños campeones mundiales en obesidad, cáncer la nueva epidemia, 50 por ciento con problemas digestivos. Lo que ilustra que el dejar pasar, dejar joder, perdón, dejar hacer, nos ha conducido a ser la primera generación que empieza a enterrar a sus hijos. En Nuevo León la primer causa de mortalidad infantil es la leucemia, porque la estrategia ha sido educar para enfermar. Es obvio, entonces, que la erradicación del gusto por la bazofia que se hace pasar por alimentos requiera una educación para sanar. No hay nada más motivador que ‘probar’ la salud, porque una vez que esto sucede las personas continúan con su cambio de estilo de vida, según hemos podido constatar.
La industria de los alimentos utiliza actualmente más de tres mil sustancias químicas para procesar y conservar los productos que vende. Frutas que crecen con pesticidas y animales en hacinamiento alimentados con hormonas es lo que prolifera en los supermercados y tiendas comerciales. ¿Cuál es la opción para una alimentación sana? ¿Los productos orgánicos son viables para el grueso de la población si
tomamos en cuenta que su mercado es muy limitado y el costo económico es mayor?
¿Sería muy idealista pensar que puede crearse una sociedad saludable?
No es un problema de idealismo, es un problema de ideología. Nuestro país no es demócrata, es plutócrata. No hay voluntad política para tener una sociedad sana, por la simple
razón de ese ideal, ya que una sociedad sana no deja lana. Aquí se toman decisiones estrictamente basadas en el ‘negocio’, tan sólo haz un ejercicio económico, calcula la contribución al PIB de las industrias de alimentos, bebidas, médicas y de sus changarros asociados, siendo las universidades uno de sus changarros. Necesitamos entender que la educación es un proceso hipnótico, esto es, la repetición sistemática de una sugerencia. En México los niños pasan de dos a tres horas diarias viendo televisión. Cada hora aparecen 40 comerciales, de los cuales veinte son de comida chatarra, en total ven cerca de 60 comerciales diarios de comida chatarra, así es como nos han “enfermado”, que no es más que un eufemismo para decir “envenenado”. Una sociedad saludable tan sólo podrá ser creada a partir del empeño de los padres por legarles a sus hijos el empoderamiento suficiente en la toma de decisiones alimentarias basadas en información válida, responsabilidad social y amor a los hijos, y claro, esperma sano y óvulos sanos.
En los últimos años se ha observado un mayor interés de la gente al recurrir a los tratamientos alternativos, algunas veces motivados por no encontrar resultados en la medicina alopática, a pesar de que los avances en medicina aseguran la efectividad en la cura de enfermedades. ¿Se pueden conciliar ambas percepciones procurándose como única finalidad el bienestar y la salud de las personas?
La pregunta es ambigua porque la conciliación podría ser entendida de esta manera, por un lado como el encuentro honesto de dos partes que buscan el bien común apoyados en la ciencia, lógica y filosofía. Por otra parte, tiene la dimensión de la conciliación que se ve a consecuencia de un conflicto gremial, entretejida en un intríngulis de intereses en conflicto, de lealtades a la nómina, de cuestionamientos burocráticos y de lealtad académica. Vivimos un momento cuya calidad de vida se ha visto deteriorada al ser sacrificada ante imperativos económicos. ¿Cómo podríamos conciliar las percepciones, por ejemplo sobre las enfermedades crónicas degenerativas? Yo no tengo problemas con traumatólogos, ni con urgencias, tampoco con cuidados intensivos, es más les debo la vida a ellos. Pero sí tengo muchos problemas con los ‘administradores’ de enfermedades crónicas, progresivas, incurables, en donde las personas reciben el mandato de ‘aprenda a vivir con ellas’. Tan sólo hay que tomar en cuenta la productividad de la diabetes y sus secuelas de hipertensión, neuropatías, disfunción renal, glaucoma, cirugías, etcétera, como contribución al meollo económico de la industria local y sus implicaciones para los proveedores globales. Mi postura contestataria es: “aprenda a vivir con su salud”. Decía arriba, nos educaron para enfermar, ahora necesitamos reeducarnos para sanar. En lugar de imponer como deseable un rol de administración de síntomas, migramos a un papel totalmente comprometido con la supresión de causas. El TT no se orienta a combatir síntomas-enfermedades sino a importar salud al organismo. Yo no entiendo a la enfermedad como algo que se contrae sino como algo que se está perdiendo, la salud. Les cuesta trabajo entender que soy especialista en salud, no en enfermedades de las que sé muy poco. Pero sé todo lo necesario y suficiente para ayudar a recuperar la salud. ¿Podremos conciliar ambas percepciones? Un cambio de paradigma impone un parteaguas, esa es la visión que estoy sembrando.
Sabe usted de algunas regulaciones que el sector Salud en México esté aplicando contra el engaño al que es sometido el consumidor a través de las etiquetas “light”, “naturales”, “alto en nutrientes”… ¿Estas tienen algún sello que pudiera advertir que se trata de un alimento con el contenido real que se ofrece?
En un régimen plutocrático todo es negociable. De que aquello se va a vender, se va a vender. La cosa es cómo facilitar su venta. La mercadotecnia es acomodaticia, va para donde van los vientos, jamás irá contracorriente, eso sería propaganda, la línea divisoria es más bien un amplio rengo intermedio de neblina difusa y ambigua. Es un arte hacer etiquetas, la nomenclatura, la confusión implícita de usar diversos nombres para la misma sustancia en función de haberse cuestionado su toxicidad, las modas, los modales de los reguladores y la argucia amañada de la connivencia. Bajo la constante supervisión de un dios corporativo mundial que premia a los leales y castiga a los no adeptos. He repetido hasta el cansancio: ‘tiene marca, no se come’. Qué sentido puede tener la etiqueta cuyo diseño y contenido no entienden ni la mayoría de estudiantes de nutrición, según encuesta. Mi farmacia es el mercado de abasto, los pequeños productores, los tianguis. Y con eso, las personas recuperan su salud. ¿Y de beber? Agua.
¿Qué tan grave es el daño que puede seguir causándose a la naturaleza al no respetar el medio ambiente?
No somos seres separados de la naturaleza que le podamos hacer daño, somos celulares a la naturaleza, dañarla es dañarnos, esa alienación de la naturaleza, la percepción equivocada de nosotros mismos, la percepción equivocada de la naturaleza, la visión perversa de cosas, ya no seres, fragmentadas de la naturaleza, es la patología y esta patología es el producto de nuestra educación. Pertenezco a una generación que vivió la abundancia y la exuberancia de la naturaleza. Recuerdo a mi padre salir en las madrugadas en su Fordcito 31, retirarse del pueblo, meterse al monte y cazar uno o dos guajolotes para la despensa, y de vez en cuando la suerte lo favorecía con un venado. Recuerdo ríos imponentes de aguas claras y puras, llegué a pescar robalo de río de ocho a 10 kilos. Mis hijos no conocieron eso, mi padre no conoció la contaminación de nuestros ecosistemas. Yo me he mantenido en una línea de tiempo que me brindó la visión de la magnitud del desastre. Y sí, lo que sigue es peor. La soberbia de la plutocracia es tal que se siente superior a la naturaleza y, sin el menor dejo de culpa o consciencia, le saca harta lana a su degradación.
Sin llegar al extremo de basar la alimentación en frutas, verduras y granos, considerándose un consumo de éstos del 80 por ciento y el resto de carne, ¿se puede asegurar una mejor calidad de vida?
(Carcajadas) ¡Sin llegar al extremo! Esa es una visión comprometida con el paradigma caduco. Se asume como “extremo” pretender excelencia en calidad de vida. La media siendo la masa poblacional de salud mediocre, con sus malestares, sus dolencias, sus aflicciones y su paciencia. Somos organismos biológicos, nos adaptamos al entorno en función de los alimentos que garanticen nuestra sobrevivencia. Mi Teorema, que aplico a Sistemas Fluyentes: El organismo sobrevive con calidad de vida y longevidad funcional en tanto fluyan a través de su energía, materia e información que sean compatibles en cantidad y calidad para su sobrevivencia. Somos organismos que toman del entorno sustancias ajenas a sus cuerpos y los transforman mediante bioquímica en partes de sus propios cuerpos y arrojan en el entorno los residuos y subproductos de su fluir. Claro, le meto porquerías a mi cuerpo y hago lo conducente para tener un cuerpo de porquería, o le proporciono a mi cuerpo insumos de calidad para sintetizar un cuerpo de calidad, para mí no ha sido difícil la opción, Tengo 79 años siendo congruente con lo expresado. No he enfermado en los últimos 49 años. Eso por un lado, por el otro la frase dice: “frutas, granos y verduras el 80 por ciento y el resto carne”. Eso no es lo que propongo. Frutas y verduras son alimento de alto contenido acuoso, de pH alcalino, y el 20 por ciento lo determino de alimento denso, que tiende a ser de pH ácido. Alimento denso es todo lo que no lleva agua, entre ellos los granos, las nueces, los carbohidratos de cadena larga. La química es una ciencia exacta, no es un juego de azar que se abandona a una ruleta de esperanzas improbables y a ver cómo me va. Haces lo conducente a estar sano, vas a estar sano. Haces lo conducente a enfermarte, vas a enfermarte, en la inteligencia de que enfermar es perder la salud. Es por esto que se puede garantizar la salud en tanto permanezcas en una relación de coherencia con las demandas de tu ser biológico. La coherencia biótica se traduce a calidad de vida, no hay ningún misterio en esto, tan sólo es el resultado de la sinergia química de todas las variables que comprenden tu existencia.
Después de las depuraciones del organismo, ¿al volver a los hábitos cotidianos el cuerpo se expone más a sufrir enfermedades, infecciones, alteraciones?
No, no se expone más, simplemente las leyes naturales aplican su justicia. Rompes las reglas, rompes tu vida. A la naturaleza no le importa si tu mente está de acuerdo o no, tu opinión le resulta totalmente irrelevante.
Testimonio sobre qué llevó a Donnato de la O hasta la Trofología.
Fui un bebé coliquiento, con el sistema respiratorio comprometido, con bronquitis crónica, sobreviviente de pulmonía. Hiperactivo de púber y adolescente, esto es, intoxicado, mi droga fue el azúcar y la harina. Crónicamente estreñido y coleccionista de hemorroides, preferentemente en racimos expuestos. Horrible combinación. Invadido de cándida, reconocido carcinógeno. Sexualmente incapaz progresivo hasta llegar a ser impotente, obviamente deprimido. Llegué a los 30 de panzazo. Harto de leche, carne y huevo. Harto de
la medicina, harto de la sociedad. Logré entender mi cuerpo, logré entender la medicina, logré entender a la sociedad, decidí cuestionar lo impuesto y me dediqué a aprender cómo sobrevivir con calidad, en consecuencia: mi legado.
Estudios que ha realizado hasta llegar al Teorema y los ocho axiomas de la salud de Sistemas Fluyentes.
Mi visión está basada en un monismo científico post Einsteniano, comprensible a través de Teoría del Caos, Sistemas Complejos no Lineales, Teoría General de Sistemas, Dinámica de Redes y La Nueva Biología (no biología mecanicista).
¿En qué consiste el Teorema y cuáles son los ocho axiomas de la salud de Sistemas Fluyentes?
Teorema de Sistemas Fluyentes, esto es, organismos: El organismo sobrevive con calidad de vida y longevidad funcional en tanto fluyan la energía, materia e información que sean compatibles en cantidad y calidad para su sobrevivencia.
Somos un subsistema completo en si mismo que se inserta en un subsistema más amplio que lo alberga y nutre. Completo quiere decir holístico, integral: energía, materia e información; traducido esto a espíritu, cuerpo y mente. Por lo mismo cada axioma hace referencia a los tres planos.
1.- El sistema fluyente debe mantener un torrente circulatorio sano.
2.- El sistema fluyente debe atender a su depuración para salir de la fijación de un ‘impasse’ evolutivo no trascendido, o estado enfermizo crónico.
3.- El sistema fluyente debe mantenerse funcionando a nivel de flujo óptimo.
4.- El sistema fluyente define su calidad vital al manifestarse en forma pendular manteniendo un ritmo equilibrado entre los opuestos.
5.- El sistema fluyente es intrínsecamente dinámico e inestable, de esto se desprende que la inmovilidad lo atrofia.
6.- El sistema fluyente desgasta la capacidad interactiva y termina con la relación coherente de éste con el entorno cuando tiene una sobre-actividad obsesiva.
7.- El sistema fluyente debe de sincronizar una disciplina interactiva con el entorno y potenciar así su manifestación óptima sobre el
tiempo.
8.- En sistemas fluyentes se definen a todas las enfermedades como curables, pero no así a todos los pacientes.
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