Tenemos el mal hábito o costumbre de demostrar el amor a través de la comida de una manera tan burda y errónea, y encima nos ofendemos si se nos hace un desaire. Pero somos el país con más índice de enfermedades crónico-degenerativas vinculadas con nuestros malos hábitos y abuso de los productos industrializados.¿Qué hago con los días de convivio en casa? ¿Cómo logro que no afecte eso mi rutina familiar? ¿Qué hacer para que mis suegros o papás no chiflen a mis niños? Este es un tema complejo para mí, me resulta difícil hablarlo pero lo compartiré porque sé que de alguna forma nos podemos apoyar. Es importante que sepas que no eres la única o único que esta pasando por esa situación, ni eres un bicho raro ni estás fuera de tus cinco sentidos. Tu familia merece lo mejor y tu mejor esfuerzo, pero ¿qué significa esto? Tener muy claro qué es lo mejor según tus prioridades y realidades para tus hijos. Creemos muchas veces que lo mejor es comprarles y darles cosas materiales y ostentosas, pero sorpresa, ellos son muy básicos, y si han perdido esa esencia el culpable eres tú como responsable de su educación. No se trata de señalamientos, se trata de asumir responsabilidades, quizá toda la vida de tus hijos has estado o medio estado con ellos, el reto es estar de verdad con ellos en el aquí y ahora, ¿cómo? Si tienen rutinas familiares o costumbres muy establecidas no será fácil, pero es tiempo de empezar, nunca es tarde. Date tiempo sólo tú con ellos, con tu pareja y con tus hijos, propongan actividades nuevas y diferentes para todos en donde puedan estar en convivencia, y promuevan actividades que puedan generar el diálogo, el apapacho. Necesitas programar actividades diferentes e invertir lo más valioso que tienes: tu tiempo en familia. Mis recomendaciones son: disfrutar un lugar entre la naturaleza en familia, promover un picnic, hacer juntos la lista del supermercado, ir a las compras, proponer una cena diferente, cocinar entre todos y alejarse de los aparatos electrónicos por momentos para conversar. En primera instancia estas recomendaciones pueden parecerte difíciles, pero no hay peor lucha que la que no se hace. Propón, no impongas, y si algún adulto prefiere no participar, no te frustres ni lo presiones, deja que las cosas sigan su cauce, y continúa en la medida de tus posibilidades. Recuerda que los cambios se gestan a partir de ti comulgando con el ejemplo. Una de las herramientas más importantes para este proceso es la respiración, es tu mejor aliado cuando las cosas no salen como quieres, simplemente respira profundo e intenta tranquilizarte y dejar ir lo que te está molestando. Quizá los días cuando decidiste hacer los cambios no son los mejores para el resto de la familia por lo que tienes que proponer modificaciones graduales que vayan generando un enamoramiento a esa reconexión que se irá gestando.
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