Con diciembre llegan esos instantes que envuelven: mesas llenas, risas que se mezclan con aromas reconfortantes y pequeños gestos que recuerdan por qué esta temporada tiene un brillo distinto. En cada visita de la Ruta Gastronómica se notó esa energía especial; familias que hacían una pausa para compartir, grupos de amigos que adelantaban abrazos y parejas que encontraban en una comida el momento perfecto para cerrar el año con calma.
Entre charlas que se cruzaban y brindis espontáneos, la ciudad mostró su lado más emotivo. Fue fácil descubrir cómo la gastronomía se convierte en parte de la celebración: un espacio donde se agradece, se recuerda y se renuevan deseos antes de que llegue el nuevo año. Una ruta que, en estas fechas, más que sabores, deja memorias.





