Encaminados los rituales y los propósitos para adentrarnos en la incertidumbre y el misterio del nuevo año. Pero, no hay calzón amarillo ni calzón rojo, ni barrida con pirul, ni veladora encendida, ni sahumerio de copal, ni amuleto alguno que pueda conceder un milagro o cumplir un propósito mientras sigamos inmersos en un circulo vicioso. No hay milagro que suceda sin acción y convicción, ni propósito que se cumpla sin determinación y voluntad de cambio.
Los verdaderos milagros no son aquellos en los que sucede lo que queremos, sino que son aquellos en los que, -aunque muchas veces no lo podamos entender- sucede lo que necesitamos.
La vida es rica en aportes experienciales, y no tanto en dádivas materiales. Los sucesos de la vida ocurren para darnos el milagro de la experiencia y el aprendizaje, para despertarnos la consciencia y obligarnos a avanzar por nuevos caminos que se presentan como una nueva oportunidad para evitar los viejos errores.
Es cierto que la fe y la esperanza juegan un papel fundamental, porque nos colocan en un estado mental positivo, esperando que suceda algo bueno. Sin embargo, esa espera no puede ni debe ser pasiva. No podemos olvidar que somos el instrumento del milagro y el vehículo del propósito. La acción para cambiar nuestras circunstancias debe surgir desde el interior, desde nuestra voluntad y disposición, desde la fuerza, la determinación, la disciplina, la constancia, la congruencia, la gratitud y, sobre todo, desde la valentía para transitar por tiempos inciertos e impredecibles.
El verdadero milagro, el mejor de los propósitos, consiste en convertirnos gradualmente en la mejor versión de nosotros mismos; siendo dignos en las derrotas, humildes en los triunfos y siendo testigos de nuestra propia capacidad de superación.
Cuídate, trabaja, quiérete y verás que la salud, el dinero y el amor llegarán por añadidura.
En este nuevo año, ármate de fe y esperanza, pero también de valor y determinación, de autocontrol, conciencia plena y serenidad.
Parafraseando al filósofo Reinhold Niebhur, tengamos presente la famosa oración:

A FIN DE CUENTAS
“Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia.”
Que el 2024 venga lleno de milagros y propósitos cumplidos mediante las acciones correspondientes.