por Carlos Novo
Para el escritor ruso Fiódor Dostoyevski “decidir es destinar: la suerte no existe”.
Su literatura explora la psicología humana y a través de sus estudios concluyó que “el destino es el resultado de decisiones personales. Nada tan valioso para el ser humano como el libre albedrío y, nada también, que le haga sufrir tanto”.
¿Cuál es la razón esencial de todo lo que hacemos? Qué es la vida humana sino una eterna decisión, donde caben millones más: cortarse el cabello, comer una hamburguesa, comprar una camisa verde, levantarse, hacer ejercicio, arrojar una bomba nuclear, suicidarse… El humano es capaz de las más heróicas acciones y de los más macabros actos… su esencia es
decidir.
Todas nuestras decisiones se dan gracias a que tenemos un cerebro, pero realmente no aporta nada nuevo ni asombroso, lo mismo podemos decir de la gran mayoría de los animales. De hecho, los animales tienen más claramente delimitado su espectro de comportamiento, es decir, sus leyes biológicas dan como resultado patrones (límites) en su modo de actuar (decidir), que parecen relativamente simples, y por lo tanto más fáciles de predecir.
Somos los humanos esencialmente distintos a los animales o simplemente es una cuestión de mayor número; es decir, de más neuronas, más conexiones, más capacidad de recibir estímulos y procesarlos, más variedad de resultados, porque sencillamente hay más variables en el juego.
Algunos autores aseguran que así es, y que todas nuestras decisiones están biológicamente determinadas. No pretendo aventurarme a debatir el tema de la libertad, ya se ha hecho por más de cinco siglos y no parecemos tener la capacidad cerebral para conocer sobre el tema. Mi interés es ofrecer una visión que muchos describen como materialista, mas no pretendo ser excluyente y sí propositivo (gracias a que mi cerebro está sano).
Me es imposible hacer una revisión extensa de los mecanismos y estructuras cerebrales y extra-cerebrales que están involucrados o, mejor dicho, que nos permiten tomar decisiones, por lo que daré un modelo general e integral de los sistemas involucrados.
El cerebro está organizado en circuitos y sistemas ampliamente comunicados entre sí, permitiendo todas nuestras funciones. El primer circuito necesario para cualquier comportamiento es el sistema de estado de alerta el cual involucra el sistema activador reticular ascendente (SARA) meso-pontino), donde los principales núcleos productores de acetilcolina, serotonina y norepinefrina se encuentran.
El SARA tiene estrecha comunicación con el hipotálamo (centro de producción hormonal para todo el organismo que se encuentra en el cerebro) con la finalidad de regular niveles de alerta y el ciclo sueño-vigilia.
Igual de básico y fuertemente relacionado al SARA es el sistema endocrinológico que también controla las funciones básicas del organismo (temperatura, equilibrio energético, reproducción, metabolismo, etc.).
El tercer paso en el modelo es simplemente la captación de decisiones de muchas personas.
Definitivamente la suerte no existe (Augusto Paniagua de Borbón).
El siguiente proceso es la valoración lingüística, racional-lógica. Usualmente se considera que es hasta este momento que somos totalmente conscientes, sin embargo, en repetidas ocasiones ya hemos activado músculos de manera inadecuada.
Finalmente, el momento de la decisión es llevado a cabo por el sistema motor central y periférico. La respuesta a dicha acción es captada por el mismo sistema y procesada como un nuevo estímulo o circunstancia, que generará a su vez una nueva decisión, y así hasta la muerte.
Existe una cantidad de variables internas y externas que pueden manipular cualquiera de estos sistemas y procesos, dando como resultado una inadecuada toma de decisiones; es decir, un cerebro que funciona adecuadamente tiene mayores posibilidades de decidir lo que a largo plazo le dará un mayor beneficio con el mínimo de esfuerzo, así como la constante mala toma de decisiones es una clara manifestación de disfunción cerebral, ya sea directa o indirecta la causa, por lo que es imperativo acudir con un
especialista.
Consejos que pueden ayudar a regular, en general, todas las partes del sistema y, por lo tanto, faciliten tomar decisiones adecuadamente.
1. Métodos educativos y terapias (juegos y actividades) donde se premie.
2. Descanso adecuado.
3. Nutrición adecuada.
4. Ejercicio físico aeróbico.
5. Terapias de biorretroalimentación.
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