Es cierto que uno no escoge a los padres que nos dieron la vida. Quizás algunas de las personas que lean esta columna podrán recordar una infancia maravillosa al lado de un padre amoroso, pendiente de la educación de sus hijos, dedicado a la familia, y cariñoso. Seguramente sus recuerdos de niños serán de felicidad y agradecimiento por haber tenido una infancia tan hermosa que lo han forjado a ser el ser humano exitoso y próspero que ahora es. Sin embargo, por desgracia no todos estarán pensando o recordando lo mismo de su infancia, y es que en esta etapa de la vida del ser humano, el padre presente, “sí importa”.
Para poder disfrutar de un sano desarrollo en cualquier ser humano sin importar los cambios generacionales, un padre, es un padre aquí y en China.
Un padre presente no es aquel que se sienta en la sala, toma su celular con el hijo al lado sin tener conexión ni siquiera con la mirada. Tampoco es el que aleja a su hijo de su lado para que no lo interrumpa cuando está viendo su deporte favorito, con desinterés total o parcial en los problemas o inquietudes del menor. No participa de manera directa en la satisfacción de sus necesidades afectivas, sociales, escolares, etc.
Entiendo que todos los padres tenemos derecho a un breve descanso o alguna actividad de ocio después de un arduo y estresante día de trabajo. Evidentemente no me refiero a esos padres, sino a aquellos que nunca se dan el tiempo de conectar con sus hijos. Tampoco es mi intención enjuiciar a nadie, ni dar catedra de cómo ser mejor padre, solo pretendo dar un enfoque diferente y a su vez generar conciencia sobre lo importante que es darles el tiempo adecuado y necesario a nuestros hijos para formar unos seres humanos sanos y felices.
Un padre presente es aquel que se interesa en la educación de su hijo (a), atiende sus necesidades básicas, participa de forma activa y sistemática en la vida escolar del niño (a), así como en la formación de hábitos de sueño, higiene, estudio, recreación y alimento, además de estar pendiente de su salud, mental, física y emocional.
Es un padre afectuoso y expresivo físicamente, (besos, abrazos, juego, etc.) así como proveedor de aceptación, compresión y apoyo, lo que es de vital importancia para formar una autoestima fortalecida en ese ser humano que se encuentra en desarrollo, no solo físico, también cognitivo.
En la medida que la figura paterna lo provea de protección y cuidado, el infante crecerá con la sensación de ser único e irrepetible, con un sano autoconcepto de sí mismo, seguro de alcanzar las metas que se proponga.
Un padre no solo es proveedor económico (alimentación y vestimenta), también lo es de sentimientos y expresiones de amor y confianza. Fomenta la integración social del menor, ayuda a forjar la personalidad, establece reglas, valores y disciplina; está al pendiente y cuidado de su salud, además de mantener un rol activo en la familia y en las labores domésticas, lo que requiere de compromiso, dedicación y estar emocionalmente disponible para lograr ese vinculo emocional y afectivo entre padre e hijo (s).
Todo lo anterior estimula, la independencia, la seguridad, la adquisición de normas y valores que le ayudarán al menor a construir su personalidad y las herramientas necesarias para enfrentar la vida.
Recuerda que la convivencia de los hijos con su padre es uno de los derechos del menor, además de traer múltiples beneficios al ser humano en gestión.