Una mujer apasionada de la actividad física es Ana Karina Camet, quien desde hace tres años comenzó a practicar la disciplina de moda: el crossfit, deporte que la enamoró y la ha llevado a participar en competencias.
Desde entonces adoptó una mentalidad positiva que le hizo dar un giro radical a su vida, de 180 grados.
Actualmente Karina es entrenadora certificada de crossfit nivel 1, crossfit kids y olimpic weight lifting (levantamiento de pesas).
Su principal característica es la tenacidad, pues cada vez que desea algo lucha hasta conseguirlo.
Comenta que el crossfit es un deporte muy completo que ayuda al cuerpo tanto mental como físicamente y toda carga negativa desaparece al practicarlo.
¿Qué te motivó a certificarte?
Cuando logras una certificación internacional esta te avala como entrenador de crossfit, lo cual es muy importante porque mucha gente acude con algún amigo porque es muy fuerte o tiene una excelente condición, pero es necesario que se acerquen con personas que estén certificadas.
Más allá del físico hay que estudiar y tener un poco de antecedentes sobre cómo funciona el cuerpo y conocimientos de la anatomía para poder llegar a ser entrenador.
¿Para ser entrenadora primero investigaste qué es el crossfit o cómo se dio tu ingreso a este deporte?
Tienes que haber practicado alrededor de un año para aplicar tu examen físico como teórico.
¿De qué manera te ayudó el crossfit en tu vida?
Siempre he sido una persona muy activa. Aún y cuando no hacía ejercicio me gustaba ir a la playa a nadar o a caminar al parque. A pesar de mi físico muchas personas se cohiben cuando tienen exceso de peso. En mi caso particular no era la situación, pues siempre he sido una persona introvertida. Pero en lo personal opino que no existe el gordito feliz como dicen lejos de la apariencia y el hecho de subir unas escaleras y cansarte. O en mi caso, que tengo niños y que el propio peso impida moverme con facilidad en cosas tan simples como
jugar con ellos.
En mi caso empecé a sentirme mal físicamente. Pesaba 120 kilos y en las noches sufría de dolor de piernas, no dormía bien, roncaba demasiado y por el lado de la apariencia, como mujer soy vanidosa por naturaleza y la ropa ya no me gustaba cómo me quedaba.
Ese fue el punto de quiebre cuando noté que mi salud se empezaba a ver afectada. Nunca tuve colesterol, ni diabetes, ni mucho menos, pero cuando vi que mi vida diaria era afectada por mi peso, tomé la decisión de hacer deporte.
Después de mi tercer embarazo a los 33 años, que al contrario de muchas mujeres que dicen quedaron gordas después de dar a luz, yo me cuidé mucho y no subí tanto de peso; este vino después.
Entre los 32 y 33 años me di cuenta que no era posible que a esa edad ya no pudiera moverme.
Yo creo que mis atletas sienten mucha empatía conmigo porque como les digo “soy una gordita en recuperación”. Al igual que los alcohólicos, no quiero decir que es lo mismo, pero igual te lleva un proceso. No existe un switch que digas: “hoy me voy a convertir en súper fit, toda una atleta y ya no voy a comer garnachas”. Ese es el error más grande que cometemos. Yo empecé gradualmente. En el crossfit olvídate de que eres señora, que estás gordita o de que eres mayor. Yo llegué al gimnasio y me sentía como una tortuga boca arriba, no podía hacer ninguna abdominal, ni una sentadilla y cuando ves que puedes hacer las cosas poco a poco te vas enganchando, además de que disfrutas el proceso.
Todo el tiempo es diferente y entonces me enamoré del ejercicio. El cuerpo mismo te va diciendo. Por ejemplo si eres de mucha pachanga y ves que al día siguiente no rindes en el ejercicio o en el trabajo, vas a sustituir una cosa por otra y así es como te va atrapando el hecho de moverte y agarrar un ritmo de vida más saludable. En mi caso así sucedió, fue gradual y lo amo.
Durante dos o tres años estuve en que iba y no iba a practicar crossfit. A ese grado fueron los resultados. El cuerpo es un examen en el que no puedes hacer trampa. Tú le echas pocas ganas, entonces se ve poco el resultado. Sí se ve, pero es gradual a tu esfuerzo.
Hubo un punto en el que empecé a engordar de nuevo y flojee mucho. Esto es igual que el alcoholismo, recaes y sobre todo para personas que tenemos tendencia a comer de más o a llevar un estilo de vida al que has estado acostumbrado toda la vida. Es imposible que bajes en tres meses lo que has subido en diez años.
Entonces todo es un proceso, vamos paso a paso y es muy importante que lo disfrutes, que le encuentres un sabor en el camino porque no llegarás inmediatamente a la meta.
A medida que renuncias a los malos hábitos y de que te comprometas más con tu meta, el resultado será aún mayor.
En la segunda etapa del crossfit empecé a entrenar más duro, pero me refiero a terminar una clase completa, no a que me metía al gimnasio tres o cuatro horas. Duré ahí como uno o dos años más, después entre broma y broma le dije a una compañera que me inscribiría a una competencia de parejas y nunca en mi vida había tenido esa hambre de alcanzar al de al lado.
Otra de las virtudes que tiene el crossfit es de que te despierta esa cosquillita de entrenar unos minutos más. A raíz de que competí me entró esa emoción de ganar que te hace dar un paso más.
Cuando llegué al nivel 1 de certificación enfrenté un reto a mi temple porque la mayoría de las personas eran hombres súper atléticos. Independientemente del aspecto físico tenían una preparación impresionante. La mayoría de los couch de crossfit o de las personas que he tratado en cursos o en certificaciones, tienen un background de entrenadores de couch de algún deporte en específico o militar cuando menos.
En agosto de 2014 tuve oportunidad de asistir a las Olimpiadas de Crossfit en Carlson, California, que se llevaron a cabo en un estadio de tenis enorme. Había físicos impresionantes en cuanto a la fuerza y sobre todo a su condición.
Para entonces ya pesaba 80 kilos, por lo que había bajado más de 30, pero en total llevo 42. Independientemente del peso lo que me sorprendió fue la cantidad de medidas que reduje, porque tomando en cuenta mi edad y los hijos que tengo, podría tener la piel colgando. Pero lo más importante de todo es cómo te sientes a nivel de desempeño como persona.
La verdad es impresionante el cambio. No es sólo un trabajo físico, sino mental también. El hecho de adoptar una disciplina y de dar un paso más, un esfuerzo más o como decimos one more rep (una repetición más), eso se refleja en otros aspectos de tu vida.
¿Qué papel ha jugado la alimentación en este proceso?
En mi caso yo comía por todo. Si estaba contenta, triste o feliz, comía. Creo que para mucha gente y en mi caso particular, era como el comodín de qué voy a hacer. Además, lo confieso, soy esclava del azúcar. Me gusta mucho el refresco y es de los venenos más difíciles de
dejar cuando de bajar de peso se trata.
Entonces tenía todo en contra y tuve que balancear. Ahora como pero buscando un equilibrio. En cuanto a los resultados, en una semana que dejé el refresco bajé el triple de lo que bajaría si hiciera la misma cantidad de ejercicio pero consumiendo azúcar por ejemplo.
Siempre me asesoré con amigos nutriólogos e hice todas las dietas habidas y por haber. Pero no existen las dietas milagrosas y lo digo con conocimiento de causa. A prueba y error las bases ya las conocemos. No hay quién de nosotros a cierta edad no conozca la dieta de los tres días, la detox, la orgánica, la sopa de repollo. Todos lo sabemos y el chiste es lo más difícil: aplicarlo.
Entonces sólo hay que buscar el equilibrio. El punto clave es adoptar una alimentación adecuada. Tú solo vas aprendiendo sobre el camino. No hay dietas a la medida, todos los organismos funcionan diferente y comentan doctores que he consultado que para probar un régimen alimenticio o dieta necesitas una semana o dos y vas a medir los resultados individuales que tuviste porque no existen las dietas estándar para todo mundo.
¿En tu caso cómo lograste ese equilibrio del cual hablas?
Puse en una balanza qué tantos resultados quería ver. Algo que a mi me ha funcionado y me gusta decírselo a las personas es: “si no está delicioso no te lo comas; no vale la pena”. Claro, a veces hay pasteles que están deliciosos y es bueno disfrutarlos sin martirizarnos. Muchas veces comemos y para mi pasaba por inercia. Lo que me ha resultado es poner en la balanza qué quiero y qué no quiero.
¿Algún mensaje que le puedas dar a las personas que como tú se interesan en el crossfit?
Sueña grande, empieza chiquito. Para soñar no hay límites. Tú puedes decir que mañana irás a la luna, pero tienes que empezar por dar el primer paso y de ahí traza metas cortas, logrables y medibles a corto plazo. Y que prueben, no pasa nada por probar. En la mayoría de los gimnasios o deportes te dan una clase gratis. Por ejemplo si tienes inquietud de hacer ciclismo pide prestada una bici ‘chafa’, no tiene que ser la más pro de todas. Ya si te ‘ganchas’ y de acuerdo a tus posibilidades económicas, adquieres una mejor. Es importante que se den la oportunidad de probar y soñar. Todo es posible.
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