En publicaciones previas hemos comentado acerca de las habilidades de los perros y cómo pueden ayudarnos a desempeñar algunas actividades, sin embargo, en esta ocasión queremos hablar sobre su proceso y despejar algunas dudas sobre este término que puede causar polémica.
Un perro de trabajo es un canino entrenado para realizar tareas o labores en conjunto con las personas, y tienen un proceso de selección muy minucioso, en el cual se toma en cuenta su inteligencia, sus habilidades y su temperamento, y con base en la función zootécnica de cada raza se inicia un proceso de selección. Éste consiste en una serie de pruebas para poder ubicar a cada perrito en una actividad en la que se pueda desempeñar mejor, sin alterar su temperamento y sin dejar de lado sus gustos, tales como el juego con la pelota, la mordida u olfatear.
Los trabajos para perros más conocidos en nuestro medio son: guardia y protección, detección de narcóticos, detección de armas y explosivos, búsqueda y localización de personas vivas, búsqueda de restos humanos, búsqueda de células cancerosas, entre otras.
Además de estas categorías, también están los llamados perros de asistencia o de servicio, los cuáles apoyan a personas con algún tipo de discapacidad, dan aviso ante una emergencia médica, apoyo psiquiátrico, etc. En esta categoría se encuentran los perros guía (para personas invidentes), perros de terapia, de alerta médica, de asistencia médica, etc.
El proceso de entrenamiento es mucho más específico que el de una mascota, pues al perro se le debe entrenar para cumplir ciertos comandos indispensables en su actividad.
Es importante saber que este proceso de entrenamiento respeta y toma como guía la naturaleza del perro, por ejemplo, aquel perro al que le gusta jugar con la pelota, su entrenamiento inicialmente se puede dar mediante juegos, de tal forma que el perro disfrute su actividad.
En el caso de los perros con trabajo referente al olfato o guardia y protección, suelen ser perros muy activos, con gran inteligencia, capacidad de adaptación y que les gustan los retos. Los perros de asistencia y apoyo suelen ser de un carácter más tranquilo y disfrutan de la compañía de las personas, son muy sociables y capaces de adaptarse a entornos con poca o mucha audiencia.
En general, las sesiones de entrenamiento suelen ser cortas (menores a una hora), contrario a lo que muchos pueden pensar, y el tiempo en que concluyen su entrenamiento es variable, dependiendo la actividad que realiza y su desempeño. Otro aspecto que hace agradable el entrenamiento de estos canes es que siempre se recompensa su buen desempeño, otorgándole premios una vez que se concluye la misión en el entrenamiento, sin embargo, no se castiga un desempeño no satisfactorio, sino que se redirige al perro hasta que logre su objetivo y pueda recibir su premio.
Para un perro de trabajo siempre hay tiempo para jugar y tiempo para descansar, y nunca debe faltar una buena alimentación, así como esquema de vacunación y desparasitante en forma periódica.
Todos los canes trabajadores deben tener sus visitas de control con el veterinario, pues, así como las personas, conforme avanza la edad pueden llegar a padecer enfermedades crónicas, por lo que también se recomienda que un perro deje de trabajar a la edad de 8 a 10 años.
A la persona que trabaja a lado del perro se le llama “manejador”, éste cuida del perro y forma un vínculo, por lo que debe estar capacitado para su entrenamiento y cuidado.
Debemos saber que cuando un perro está trabajando debe estar debidamente identificado, y necesita tener la mayor concentración posible, por lo que no se le debe distraer acariciándolo, dándole comida, tomándose fotos con él o haciendo contacto visual.
Estos canes no son mascotas, sino compañeros de trabajo hábiles e indispensables y, como tal, sus cuidados y condiciones de trabajo y recreación deben ser las mejores.
Si quieres saber más sobre cada uno de los trabajos para perros, puedes consultar nuestras próximas publicaciones.