ÑAM ÑAM
por CYNTHIA ROBLES WELCH
Un abrazo inesperado frente a la puerta de un elevador me sorprendió, provenía de una persona desconocida, esa muestra de afecto llegó a mí en un momento clave, ambas salíamos de un hospital y fue muy reconfortante.
Pasaron los años y con ellos momentos muy difíciles para ambas, cada quien viviendo su vida. La tecnología me acercó a Blanca, aquella mujer que me había regalado ese instante para compartirme que había pasado por un cáncer.
Ella es una mujer que me ha enseñado que cada acto por más banal que parezca si va con una buena intención… vale la pena.
A veces, cuando estoy sola por la noche, cansada de hacer tantas cosas para sacar a mi hijo adelante, pienso que ya no puedo más y me dan ganas de salir corriendo, pero luego pienso en lo mucho que nos ha retribuido moralmente nuestro trabajo en familia y retomo fuerzas para seguir compartiendo, porque de eso se trata la vida, para eso estamos acá.
Hoy, les dejo la historia de Blanca García Ochoa, una de esas guerreras valientes que admiro.
“Faltaban dos meses, aproximadamente, para que mi pequeño Marcelo cumpliera tres años. Por esos días vivía una odisea, iba y venía al hospital, hasta que un día ya no pude regresar a casa por poco más de un mes, el cual fue el más devastador y gris de mi vida, debo decir, pero al mismo tiempo el más bendecido y de mayor crecimiento, ¡que ironía!
Fue en uno de esos días en el hospital cuando me dieron mi diagnóstico: cáncer, un tumor grande e inoperable, tres trombosis en las venas principales del cuerpo y un derrame en el pulmón. Si me preguntan qué pasó por mi mente cuando me dieron esa triste noticia, con certeza les contestaría: “sólo un pensamiento, MARCELO”. Me preguntaba: “¿Le habré dicho te amo lo suficiente? ¿Le habré enseñado las verdaderas cosas importantes de la vida? ¿Lo he besado lo suficiente? ¿Le enseñé los hábitos que debería?”
Después de formularme un sinfín de preguntas y reproches, así como de imaginarme la vida de mi Marcelo cuando yo no estuviera para él, llegué a una conclusión. Ese día estaba viva y lo iba a aprovechar, a luchar con todas mis fuerzas para salir de ese lugar, llegar a casa y comenzar a enseñarle a mi hijo las verdaderas razones importantes de vivir: amar, perdonar, tomar decisiones por pequeñas que estas puedan ser, disfrutar de la naturaleza, leer, ser tolerante, ser agradecido, los buenos hábitos alimenticios para estar saludable, ya que por nada del mundo un padre o una madre quiere que a consecuencia de malos hábitos nuestros hijos terminen con alguna enfermedad en el hospital y, sobre todo, que pase lo que pase busque su felicidad”.
Muchas veces olvidamos que estamos vivos y no valoramos la salud, un preciado tesoro, y cuando nos falta reconocemos que debimos cuidarla mejor y que tenemos que amarnos, respetar nuestro cuerpo, escucharlo y dar el ejemplo a nuestros hijos de lo que es mantener una vida saludable tanto en el organismo, como en la mente y el espíritu.
Al final de cuentas, ese será nuestro legado en este mundo: nuestros hijos, ellos serán los políticos de mañana, los doctores, los maestros, los papás de sus propios hijos… Regalemos a ellos una vida saludable, una vida de amor y tiempo de calidad, formemos seres conscientes para que en el futuro todos tengamos un mundo mejor. No esperes estar entre la vida y la muerte para cuidar e invertir en tu legado más preciado que son tus hijos. Es la mejor herencia que les puedes legar.
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