ÑAM ÑAM
por CYNTHIA ROBLES WELCH
Tomar la iniciativa para cambiar los malos hábitos alimenticios será el camino para que los demás te sigan.
Día tras día, desde que inicié el proyecto de apoyo a la #educacionalimentaria aprendo muchas cosas, pero también me pregunto otras. Por lo menos, un par de veces al día recibo cuestionamientos, dudas y comentarios acerca de cómo motivar a los niños a alimentarse sanamente. Es extraño porque las personas que leen esta columna conocen la solución, pero otras consideran que con una varita mágica todo se resuelve.
Cambiar los malos hábitos es un proceso que empieza con el ejemplo y cuando se logra te da gusto ver que tu hijo muerde con alegría un tomate, ahora no te escupe, en cambio te dice: ‘‘mami me encanta este pudín de chía, ¡esta increíble!’’.
Mientras tu esposo, en lugar de llegar a casa con cervezas, salchichas y papas adobadas, trae consigo un arcoíris de frutas y verduras y te pide cocinar juntos.
Te imaginas a ti y a los tuyos en un picnic en medio de un precioso parque contemplando la naturaleza. Tus suegros y tus papás juntos en la cena familiar comiendo ensalada y tomando limonada, lo que, a su vez, motiva a tus hijos a comer con ellos. Todo esto es como un sueño guajiro lejano a tu realidad, ¿te suena?
Mamá, papá, abuelos, familia en general la solución está en ustedes. ¿Qué hicieron hoy para cambiar esos hábitos que saben son dañinos para su salud? ¡Basta de abuelos alcahuetes, de papás saboteadores, de mamás sin tiempo, todo se puede, pero para que suceda tienen que empezar por ustedes.
Hace unas semanas visité a un gran amigo en el hospital. En el buró al lado de su cama había dos refrescos de cola, uno de sus amigos le llevó de cenar y su mamá una bolsa de cacahuates japoneses. Salí de ahí un poco desorientada y mejor ni contarles de qué está enfermo.
La mayoría de los especialistas de la salud no relacionan las enfermedades y padecimientos con lo que estamos comiendo, y en los hospitales lejos de brindar alimentos sanos se ofrecen en su mayoría productos procesados. Pero, ¿cómo empezar a cambiar estos malos hábitos?
El ejemplo es el mejor regalo que podemos darle a los nuestros y empezar por uno mismo es la clave. Dejemos de juzgar al de enfrente y establezcamos retos. Documentarnos e investigar para dejar de comprar alimentos procesados e incluir gradualmente alimentos enteros que nutran.
Cada ser humano tiene necesidades distintas, intenta aprender a escuchar tu cuerpo, observa cómo reacciona después de cada comida y poco a poco irás relacionando qué es lo que tu cuerpo no digiere. Te darás cuenta que los alimentos vivos son los que prefiere, porque se reflejará en tu rendimiento y salud. Eso, sin duda, lo aprenderá tu familia.
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