POR CYNTHIA ROBLES WELCH
Hace casi un año que nos mudamos a vivir al lado de un parque. Desde las primeras semanas noté que nuestras mascotas reaccionaron al cambio: estaban muy relajadas, felices y se comportaban de diferente manera; observaban a los pájaros a través de la ventana y pasaban horas echadas en el balcón. Poco a poco me daba cuenta que no me había equivocado, el esfuerzo hecho había valido la pena.
Fue muy similar lo que le pasó a mi Rocco, sólo con estar viviendo al lado de un pulmón de la ciudad le ayudó a dejar de tener recurrentes episodios de tos y su estado de ánimo mejoró, es un niño mucho más feliz, le encanta escuchar a los pájaros y disfrutar del entorno.
En mí, creo que fue más notorio, el lugar donde antes vivíamos era quizá con más lujos, pero sin un árbol cerca; un espacio árido cerca de la zona industrial que me provocaba fluidos nasales continuos y siempre negros, duros. De mi estado de ánimo mejor ni les hablo, era horrible.
Estos ejemplos claramente me han hecho reafirmar que el contacto con la naturaleza y la tierra es un regalo que no tiene precio y que todos y cada uno de los que me están leyendo debiéramos de disfrutar, pero para esto también tenemos que ser responsables, educar a nuestros hijos a respetar la Tierra debiera ser obligatorio.
Rocco tiene la oportunidad de que en su escuela convive en la naturaleza la mitad del tiempo haciéndolo un niño más seguro, confiado y feliz.
Hace unas semanas estuvimos en un parque cerca de un río, por un momento varios niños se desaparecieron, por lo que entré en pánico, pensé lo peor y me puse muy mal.
Después de un rato los encontramos jugando y explorando el lugar acompañados de un adulto, él me dijo: “mamá ten confianza, sí, pensé en ti, pero yo estaba muy bien aquí”.
Estoy consciente de los peligros a los que se expone un niño en la ciudad, pero en la medida en que nosotros los dejemos explorar y entender este mundo nos daremos cuenta que vale la pena criar un niño cerca de la naturaleza.
Ningún videojuego, computadora, televisor o aparato tecnológico puede sustituir lo que un niño aprende en contacto con la flora y la fauna: el viento en la cara, el vuelo de una mariposa, el verde de un pasto, la energía de un árbol… la tecnología, para mí, debe ser un complemento en nuestra vida.
De acuerdo al sitio abc.es, un grupo de investigadores ha constatado que los niños que se desenvuelven en un medio natural los hace más fuertes para afrontar el estrés y ser más respetuosos con el medio ambiente. De no ser así, surge el Trastorno de Déficit de Naturaleza el cual se vincula, a su vez, con cuatro patologías recurrentes: aumento de la obesidad, enfermedades respiratorias, déficit de atención con hiperactividad e hipovitaminosis D (falta de la vitamina D, que se obtiene en buena medida de la exposición al sol).
Nuestro sistema nervioso y el funcionamiento psicológico requiere contacto continuo con la naturaleza para nuestro bienestar, explica José Antonio Corraliza, catedrático de psicología ambiental en la Universidad Autónoma de Madrid, uno de los colaboradores de Silvia Collado, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Te invito a buscar opciones saludables para que este verano tus hijos estén cerca de la naturaleza. Te recomiendo el curso de verano “El jardín secreto”, diseñado en un espacio de naturaleza real en donde los pequeños podrán descubrir y aprender de la naturaleza misma; búscalos en
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