El Síndrome del cuidador quemado se refiere a la persona que cuida a otra persona dependiente, ya sea por alguna enfermedad crónico degenerativa, algún accidente o con alguna condición especial, como por ejemplo TDAH, autismo, asperger etc. Y se refiere a un desgaste intenso a nivel físico y emocional.
Cuidar a una persona en esa situación exige una profunda dedicación que muchas veces puede terminar por absorber la vida personal del cuidador, lo que genera mucha sobrecarga y estrés, y afecta la salud de este último; deterioro que no se percibe o previene en primera instancia, pero que es de igual importancia que la del dependiente.
Este desgaste se determina posterior a un diagnóstico clínico, y desde entonces ocurre un cambio radical en la vida de los involucrados y sus familiares, quienes son los que generalmente asumen el rol del cuidador, siendo en un mayor porcentaje las mujeres quienes quedan a cargo.
Cuidar a una persona enferma o dependiente implica algunas adaptaciones físicas, económicas y emocionales, por ejemplo: tener disponibilidad de tiempo para cuidar a la persona; compaginar el cuidado con el trabajo; mantener otras responsabilidades familiares; nuevos gastos de salud a raíz de la condición y del tratamiento; el mantenimiento de la casa; el aprendizaje de nuevas habilidades; la necesidad de gestionar y responder a nuevos comportamientos; una carga emocional muy alta con sentimientos encontrados generalmente de culpa; y una menor calidad de vida del cuidador, implicación que merece todo el reconocimiento de la sociedad, apoyo social y familiar.
Los síntomas que presenta el cuidador quemado son a nivel físico, emocional, social y cognitivo, por ejemplo: sensación de cansancio continuo; falta de energía a lo largo del día; dificultad para dormir durante la noche; abandono de gustos o hobbies; aislamiento social o no tener nuevas experiencias sociales; dolores de cabeza; problemas digestivos; palpitaciones; temblor en las manos; a nivel emocional: cambios de humor frecuentes (enojo, impaciencia, irritabilidad, resentimiento); pérdida de la esperanza a nivel personal; falta de sentido a la vida; cansancio emocional, y en algunos casos lleva al consumo excesivo de medicamentos, de alcohol o de tabaco, e incluso de sustancias prohibidas, así como niveles de estrés y de ansiedad elevados. A nivel cognitivo: imposibilidad de relajarse; dificultad para concentrarse; fallas en la memoria, pensamientos recurrentes y desadaptativos: sentimientos de culpa, de ser mala persona o de no merecer disfrutar momentos agradables porque el familiar está enfermo.
Algunas recomendaciones para quienes se identifican con estos síntomas son: acudir al médico como primera instancia para descartar alguna enfermedad física, no culparse por desconocer o carecer de algo que necesite la persona dependiente. Es importante darse la oportunidad de saberte menos sabio; reconocer que eres un ser humano y validar tus emociones. Se recomienda buscar grupos de apoyo, existen otras personas que al igual que tú necesitan sentirse comprendidas y su experiencia te puede servir. Organiza tus prioridades y arma un plan de trabajo diario en el que puedas darte la oportunidad de descansar un poco. Relájate unos minutos durante el día, -tú también lo necesitas-. Debes saber que estar agotado no es un sinónimo de ser mal cuidador, por el contrario, esto les pasa a las personas que están más al cuidado de la persona demandante. Si lo consideras necesario solicita apoyo a tus familiares y en caso de presentar síntomas de depresión o ansiedad acude con un psicoterapeuta.
Recuerda que estás haciendo lo mejor que puedes, con lo que tienes.