Marte Rodríguez González un personaje de Reynosa que ha hecho de su vida, una historia para contar.
Cuando descubrió que el escenario, los reflectores, las historias, los personajes y los libretos lo emocionaban, no cesó hasta alcanzar sus metas.
Ahora, después de 31 años de hacer teatro, Marte Raúl Rodríguez González se siente orgulloso de sus logros, de ser originario de Reynosa y de que su trabajo haya trascendido fronteras.
El director, productor, dramaturgo y actor también es fundador de la Compañía Municipal de Teatro, y gracias al concurso estatal de Teatro “Mtro. Rafael Solana” ha representado a Tamaulipas en el Festival Internacional Cervantino, en la Muestra Nacional de Teatro en Xalapa y en el Congreso Mundial de Teatro de la AITA-IATA, entre otros de importante nivel cultural en el extranjero.
De acuerdo al calendario nació el 22 de octubre de 1965 y fue el mayor de seis hermanos: Beatriz Eugenia, José de Jesús, Edgar Antonio, Rocío Haydeé y Juan Miguel.
Sus padres son Marte Rodríguez Flores y Beatriz González Hernández, originarios de Nuevo León y Guanajuato, respectivamente. Se conocieron en Reynosa y lo demás se convirtió en historia.
SUS PRIMEROS PASOS
EN EL TEATRO
Siendo apenas un niño empezó a estudiar en el Centro Educativo “Las Cumbres”. En segundo grado de primaria participó en canto en un festival escolar, junto con los demás compañeros de su salón.
La letra de la canción, recordó que decía así: “Y aunque la gente me juzgue texano, yo les aseguro que soy mexicano, de acá, de este lado…”.
“La gente se atacaba de risa”, comentó.
Reconoció que aunque se sentía profundamente atraído por el teatro, le costaba mucho trabajo representar algún personaje. Sin embargo, eso no lo limitó para participar en la primera obra de teatro, corta, que montaron con el título de “La otra”; tenía 18 años y su papel fue muy pequeño.
Era “el artista” y por ser güero, alto y de ojos azules, a todo le decían que sí.
Después de un año de estar en la Normal Pedagógica decide dejar estudiar para abrazar al teatro. Sus padres pegaron el grito en el cielo: “¡No. De eso nadie vive!”, le reclamaron.
Le dijeron que si no quería continuar en la escuela se quedaría a trabajar con la familia, así que consigue un puesto de vendedor, casa por casa. Tuvo éxito, pero cuando llegaba a su casa y le entregaba el dinero a sus padres, les decía: “Me quiero ir a Victoria”.
Al otro día, igual. Era una forma de insistir e insistir, y al otro día lo mismo: “Me quiero ir a Victoria”.
“Ya te dije que no”, le contestaban.
“Me aguantaron 15 días. Después, se acuerda que en un viernes llegó a su casa y le volvió a repetir a su mamá: “Aquí está el dinero. Me quiero ir a Victoria”.
Harta de su terquedad, le respondió: “¿Te quieres ir a Victoria?, y le regresó el dinero que Marte había obtenido de su trabajo. Preparó su maleta y se despidió.
Sólo llevaba para su boleto de ida y de regreso, por lo que su madre consideró que al llegar a Victoria pensaría mejor las cosas y volvería a casa, pero no fue así.
Al llegar a la ciudad no tenía dónde quedarse, ni qué comer y menos donde trabajar, pero su maestro, Carlos Valdez, le ofrece su casa y un sofá para dormir, mientras que Belem Peña (†), un amigo, se encarga de que comiera todos los días.
“A mi maestro Carlos Valdez le debo mucho, aparte de la enseñanza hermosa que me pudo brindar y que yo pude captarle”, reconoció.
Y así se la pasó durante tres o cuatro años en Ciudad Victoria.
“Ahora sí que viviendo de milagro”, mencionó.
PICANDO PIEDRA
Como todos aquellos que persiguen sus ideales con la intención de cristalizar sus más anhelados deseos, Marte,
como actor y de acuerdo a sus palabras, empezó picando piedra en el teatro desde muy temprana edad, convirtiéndose con el tiempo en lo más importante de su vida.
A los 18 años de edad tenía muchas ilusiones y un largo camino por andar, corría el año de 1983.
Con el paso de los años Marte Rodríguez regresó a su terruño y ya instalado empezó a estudiar la carrera de Ciencias de la Comunicación. Fue entonces, que al saber a lo que se dedicaba, le piden que integre un grupo de teatro universitario.
“Alguien me vio alguna vez en una obra de teatro y me dicen: ‘Ah, tú haces teatro, ¿verdad?’. Fórmate un grupo en la UMAN”.
Era actor más no director de teatro, sin embargo, toma las riendas de un grupo. Sin saber, lo primero que hace es “fusilarse” una obra que había montado su maestro y que presentó en un concurso nacional de teatro.
“…A la gente le agrada, le gusta, pero a mí no. Fue una imitación de un trabajo bien hecho que finalmente a mí no me resultó. La estoy viendo y pienso: esto no es lo que presentó mi maestro algún día. Estas copiando una idea y las ideas no se copian, las ideas son originales”, reconoció.
Entonces se da a la tarea de realizar algo diferente, único, original, ya que no podía continuar así. Se preparó y montó un espectáculo de poesía que él dirigió; en lo personal le agradó
sobremanera. A partir de entonces empezó su labor creativa como director de teatro.
En el verano de 1984, como estudiante, participó en el Concurso de Teatro “Rafael Solana”, (que de hecho no se llamaba así), ya que el maestro Solana era parte del jurado en ese
momento. De ahí se van al Nacional en Xalapa, Veracruz. Posteriormente, en 1989, se integró al personal docente de la Universidad México Americana del Norte con un grupo de teatro que compagina con la carrera de Ciencias de la Comunicación.
De manera profesional, empieza a hacer teatro en 1990 y funda el Grupo “Cristal” en la UMAN. Cada año montaba una obra y así fue por muchos años.
EL EXITO CON ‘VASELINA’
El nombre de Marte Rodríguez resonaba tanto en el ambiente cultural y artístico de la ciudad que la Casa de la Cultura de Reynosa lo invitó a trabajar como profesor de teatro en 1991. Sigue con el mismo ritmo, abre un grupo y con el tiempo se separa hasta llegado 1994.
Ese mismo año lo invitaron a trabajar en la preparatoria “José de Escandón”, encontrándose, según sus palabras, con un espacio maravilloso que además es histórico: el gimnasio que además cuenta con un foro propio.
En su tiempo, las obras de teatro procedentes de la Ciudad de México se montaban aquí.
Ana Edith Gutiérrez, entonces directora del plantel, le dio la oportunidad de usar este espacio. Inició con una pastorela en diciembre y para marzo de 1995 estrenaron “Jesucristo Superestrella”.
Haciendo referencia a esta última señaló: “Una adaptación con trampas que salió muy padre”.
Tenían el escenario, pero les faltaba todo. Es entonces que empieza a trabajar a brazo partido consiguiendo el mobiliario y la utilería, ya que el gimnasio no estaba adaptado como espacio cultural y de espectáculos.
“Luces, sonido, un mural que costó dos años terminarlo con el apoyo de la Red de Muralismo ‘Nicandro Puente’, la esposa de éste, su hija y su yerno involucrados en el proyecto… y quedó hermoso”, mencionó.
Así transcurre un año y en 1995 armó un proyecto personal que se convirtió en el primer musical realizado en Reynosa.
“Vaselina la formé con tres pesos y mucha voluntad. Nos hicimos de un letrero, invitamos a la gente, nos llegó gente muy buena y, finalmente, la logramos estrenar en 1995. Por primera vez también nos metimos a un espacio donde sólo llegaban las obras de México, que era el Cine Diana”, platicó.
Consiguió una renta barata por tres días, había pedido prestado por todas partes para poder presentarla, y si no iba gente a ver la obra las cuentas lo iban, literalmente, a ahorcar. Se pasó tres días encerrado, haciendo y pintando escenografías, ya que, como no había dinero había que “entrarle” como se pudiera.
“Y tres días… con sus noches, sin comer, sin dormir, obviamente. Los muchachos llegaban y apoyaban por ratitos, porque estaban en la escuela… y, finalmente, llegó el día del estreno; amanece, me separo del grupo y me voy a un rincón, poniéndome a llorar… la verdad”, confesó.
Pero no todo estuvo perdido pues al estreno asistieron 800 personas, al segundo día alrededor de 600 y al tercero, algo así como 500.
Después, en el año 2000, entró a trabajar al Instituto Internacional de Estudios Superiores (IIES) donde monta nuevamente “Vaselina”. Para entonces se estaba estrenando el Teatro “Reynosa”, en el centro de la ciudad, con una capacidad para 800 personas. En la primera función fueron 500 y tantas, en la segunda se quedó afuera mucha gente porque ya no había boletos.
“¡Qué maravilla! ¿No?”, exclamó.
Concluyó su labor docente en el 2003.
En el 2004 se convierte en profesor de teatro en la preparatoria “José de Escandón” y director del Grupo Cultural “Escandón”, porque no es nada más teatro, también hay danza, canto y más artes. Actualmenye ya son once años de trabajo permanente en el teatro y la cultura en Reynosa.
EL MEJOR ACTOR
Le ha tocado participar en interesantes puestas en escena y fue premiado como Mejor Actor en el Teatro “Reynosa” por la obra “Hotel Frontera”, la cual llevaron al Festival Cervantino en el 2005. Incluso, ha sido el único grupo de teatro en Tamaulipas invitado al Cervantino.
A lo largo de su trayectoria en los escenarios ha ganado varios concursos estatales. Le ha tocado viajar en el circuito del Noreste. Su ha presentado en Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua y Durango.
Aproximadamente ha escrito alrededor de 70 obras de todo tipo. No se especializa en nada, abarca todos los géneros para ser más versátil en su trabajo, ya que maneja desde teatro infantil, musical, vodevil, comedia y drama, entre otros géneros.
TRABAJANDO POR
LA EDUCACION Y EL ARTE
Al inaugurar el Centro Cultural Reynosa trabajó como jefe de Teatro y Audiovisual. En noviembre de ese año sufrió un accidente donde se fracturó una pierna y es intervenido con una cirugía. Por lo mismo no pudo continuar en su trabajo, quedándose como profesor de teatro en la preparatoria “José de Escandón”.
Por otro lado, durante la administración municipal de Oscar Luebbert Gutiérrez, se desempeñó en la Secretaría de Educación y Cultura en el periodo 1996 al 2010, dándole un impulso al renglón cultural de la ciudad. Durante ese tiempo repercutió la creación del Instituto Reynosense para la Cultura y las Artes (IRCA).
Ahora, en la administración actual, Moisés García, director del IRCA, lo invitó a trabajar nuevamente.
ELOGIOS A SU TRABAJO
“Que haya hecho Jesucristo Superestrella y venido a verla Benny Ibarra… me quedo con todo eso”, dijo nostálgico.
Cuando estrenó “Jesucristo Superestrella” le informaron que la vería por sólo quince minutos Benny Ibarra, primer productor de la obra musical en México. No se podía quedar más porque tenía un compromiso previo.
“La obra y los personajes son muy fuertes, tienen que estar muy bien plantados y para hacerlo con un grupo de preparatoria es difícil. Es una obra
musical en dos actos. Cada uno dura casi una hora. Benny llegó con su esposa, lo presentó al elenco, le aplaudieron y se abrió el telón”.
Al concluir el primer acto, que ya habían pasado los quince minutos prometidos, salió Marte al hall de la prepa y se encontró a Benny Ibarra con su esposa.
Lo primero que exclamó ella fue: “¡Qué padre está la obra! ¿Cuánto tiempo tienes con el grupo?”
Marte le respondió que sólo un mes, lo que la sorprendió: “No te puedo creer, están muy bien parados”, ex-
presó.
Mientras conversaban se acercó la directora de la preparatoria, Ana Edith Gutiérrez, para recordarle a Benny Ibarra que tenía un compromiso y se debía ir, a lo que éste replicó: “Nombre… yo me quedo a ver toda la obra. Está muy buena”.
Marte admitió que el elenco que participó en esta obra los engañó, pues les dijo que actuarían en el musical “Vaselina”. Eran alrededor de setenta y tantos muchachos, quienes finalmente terminaron haciendo los personajes de “Jesucristo Superestrella”. Fue una propuesta escénica muy bien lograda.
“Fue de los apapachos que he recibido”, reconoció con un gesto de satisfacción.
MEDIO CAMINO RECORRIDO…
Con todos los años del mundo y su vasta experiencia en teatro, Marte Raúl Rodríguez González cumplirá el 22 de octubre sus primeros cincuenta años. Medio camino recorrido haciendo lo que que siempre le ha gustado: el teatro.
“Estoy a la mitad y no me quiero trepar al escenario, por eso trabajo actualmente como director, y lo que más me da gusto cuando dirijo una obra no es el aplauso del público en el estreno, eso lo veo como el resultado de un trabajo que ya hice”, reconoció.
Agregó que disfruta y se emociona cuando dirige, cuando habla de bulto para mostrarle al actor la imagen y actitud que debe tener su personaje en escena.
“Cuando se está estrenando la obra yo estoy emocionado, y al final, el aplauso es una respuesta, es mover al público, esa es la clave del teatro. Si el público sale inspirado, sublimado… ”, consideró.
Su pasión por los escenarios no cesa, sin embargo, Marte Rodríguez es otro después del accidente.
“Ahora me siento con ese compromiso de que no estoy haciendo todo lo que hacía, porque normalmente tenía proyectos de trabajo y personales al mismo tiempo y los sacábamos adelante”, admitió.
Agregó que ahora no puede avanzar al ritmo de antes, pues ya no tiene los 18 años con los que empezó.
“Estoy finalmente afectado de algunas de mis facultades, no mentales, a Dios gracias, sino físicas, que es lo que no me ha permitido o por lo que yo mismo no me he permitido regresar al escenario”, señaló.
Refirió que su amigo Belem Peña le cortaron su pierna y aun así continuó haciendo teatro hasta que murió.
Se recrimina entonces que si él pudo hacer teatro en silla de ruedas, por qué él no ha podido subir al escenario.
“Yo sé hacer teatro y lo voy a seguir haciendo hasta que me muera”, ase-
guró.
LO QUE FALTA POR HACER
Marte Rodríguez escribió un monólogo que representó noventa y nueve funciones y quiere terminarlo. Montar la función número cien para, finalmente, develar la placa.
“¡Me falta ponerme bien y regresar al escenario!”, aceptó.
Sin embargo, se ha comprometido durante años y ha cumplido sus metas con vocación y entrega, poniendo el alma y el corazón.
clase_editor@horacero.com.mx
Tels. 929.75.85 al 87. Ext. 106