De mi niñez podría decir que fue bastante tranquila, bueno, quizás esa amiga que ha estado presente desde el kínder hasta el día de hoy diga lo contrario al recordar cuando me brinqué la barda de malla ciclónica del jardín de niños para irme a la primaria.
Yo digo que fue por su culpa, no recuerdo por qué, pero así debe ser, aunque diga que yo quería ir a ver a los niños de la primaria.
Nunca me hice alguna fractura, es más, ni un chipote; no recuerdo heridas grandes, solo algunos raspones en rodillas y brazos, por lo que el terror ante la sospecha de una fractura de mi retoña más pequeña me invadió; el momento había llegado, finalmente debía enfrenarme, a la primera lesión.
Corría un día normal por la tarde de esos en los que los chamacos van a clases extracurriculares, ahora de danza y estaban listos para darlo todo… o por lo menos, listos para gastar mucha energía para que le regalen a mamá una tarde-noche relajada después de que sus pilas naturales se agotaran.
A la hora de salida, pues, ¿que no va saliendo la chamaquita ‘renqueando’ como luego dicen por ahí?, ¡cojeando pues!
Resulta que durante su clase se emocionó de más y ¡zaz! las consecuencias las pagó el dedo gordo de su pie izquierdo, parecía una salchicha cocida, lista para ocupar cualquier pan para hot dog, además, tenía sangre en el nacimiento de la uña.
Se quejaba de dolor y yo, inexperta en esas cosas, pues no me quise arriesgar y nos fuimos con el médico, y de ahí con un radiólogo que descartó una fractura; pero el golpe había sido tan fuerte que el dolor le impedía caminar bien, mover el dedo o utilizar zapatos, además, la uña se caería en algún momento; por lo que la indicación fue de reposo durante 5 días.
“Nada de escuela, ni clases de baile, reposo en casa; de la cama al baño y del baño a la cama”, dijo el doctor.
Así que le tocó quedarse a hacer en casa tareas y trabajos escolares y también ver como sus hermanos continuaban yendo a sus ensayos, pero afortunadamente el tiempo pasó y finalmente se reincorporó a sus actividades.
Conclusión: el dedo ya no parece salchicha, se ve bastante normal, bueno, medio chueco, pero eso ya es genética; la uña sigue ahí, no se cayó, pero ahora luce un tono morado que cualquier dark quisiera como tono de esmalte.
También volvieron la movilidad y la inquietud, esperando que las novedades giren en torno a los nuevos pasos aprendidos y no a algún otro susto que nos haga correr con el médico.

