
Mucho antes de convertirse en la fundadora de una de las marcas de joyería más reconocidas de la ciudad, Sherlyn Ramírez Belmonte fue una adolescente que trabajó desde muy joven, vendió accesorios en la preparatoria, buscó la manera de pagar su universidad y, como muchos, atravesó una etapa en la que no tenía del todo claro qué quería hacer con su futuro. Hoy, al mirar atrás, entiende que cada una de esas experiencias la fue acercando al proyecto que cambiaría su vida.
Originaria de Reynosa, Sherlyn creció en la colonia Benito Juárez, un lugar que, asegura, marcó profundamente su forma de ver la vida. Ahí aprendió el valor del trabajo y la constancia, mientras una personalidad inquieta y una curiosidad constante comenzaban a definir su carácter. Pasaba horas armando rompecabezas, coloreando con crayolas, viendo series o descubriendo el mundo de la moda a través de revistas y tutoriales en internet. Aunque entonces no sabía exactamente qué quería hacer, ya existía en ella el deseo de crear algo propio.
APRENDER TRABAJANDO
Esa búsqueda continuó durante la universidad. Estudió Mercadotecnia sin tener la certeza de que sería el camino profesional que seguiría; incluso reconoce entre risas que eligió la carrera porque parecía una buena opción y porque uno de sus mejores amigos también la estudiaría. Con el tiempo descubrió que aquella decisión terminaría convirtiéndose en una de las herramientas más importantes para construir la marca que años después daría vida.
Su relación con el trabajo, sin embargo, comenzó mucho antes. A los 15 años recibió su primer pago por ayudar a su tía a organizar un clóset, una experiencia que recuerda con cariño porque le permitió ganar su propio dinero por primera vez. Después llegaron otros empleos: vendió collares durante la preparatoria, trabajó en una imprenta, fue niñera, colaboró en una comercializadora y buscó distintas maneras de generar ingresos para pagar su universidad y comprar sus propias cosas.
Durante esos años también retomó la venta de joyería, aunque en varias ocasiones tuvo que poner el proyecto en pausa por falta de tiempo, presupuesto e incluso por no contar con un automóvil para realizar entregas. Aun así, nunca dejó de intentarlo. Hoy, reconoce que siempre existió en ella una necesidad de trabajar por sus metas y una inquietud constante por emprender.
“Nunca me dio miedo empezar algo propio”, afirma, una idea que, sin saberlo entonces, terminaría marcando el rumbo de su historia.
EL COMIENZO DE BESO
Al terminar la carrera apareció una etapa de incertidumbre. Mientras veía a muchos de sus amigos tener claro el rumbo que seguirían, Sherlyn sentía que todavía buscaba el suyo. Había una sola certeza: no quería pasar su vida haciendo algo que no la hiciera feliz.
Fue entonces cuando una conversación con su abuela cambió el rumbo de su historia. La idea inicial era crear una marca de ropa, hasta que recibió una pregunta sencilla: “¿Por qué no vuelves a vender joyería?”. Aquellas palabras fueron suficientes para despertar una idea que terminaría convirtiéndose en Beso Jewelry.
Con el tiempo entendió que el proyecto había dejado de pertenecer únicamente a ella. Ver a clientas regresar una y otra vez, emocionarse con cada lanzamiento y adoptar el nombre de Beso Lovers le hizo comprender que estaba construyendo una comunidad y una marca con identidad propia.
CRECER TAMBIÉN SIGNIFICA SOLTAR
Sin embargo, el crecimiento también llegó acompañado de nuevos desafíos. Uno de los primeros fue vencer su propia timidez. Aunque hoy muchas personas la perciben como alguien segura de sí misma, Sherlyn asegura que durante mucho tiempo incluso decir un simple “buenas tardes” al recibir a un cliente le generaba nervios. Con paciencia y práctica fue ganando confianza, hasta descubrir que el trato con las personas terminaría convirtiéndose en una de las partes que más disfruta de su trabajo.
Consolidar una marca también significó aprender a enfrentar retos que no siempre son visibles. Pasar de emprender sola a dirigir una empresa implicó coordinar equipos, abrir nuevas sucursales y asumir responsabilidades cada vez mayores. Durante ese proceso vivió momentos de intenso estrés que incluso llegaron a afectar su bienestar personal. Recuerda una etapa en la que sentía la necesidad de estar presente en todo al mismo tiempo: atender clientes, crear contenido, resolver problemas y acompañar a su equipo. La presión por no fallarle a nadie terminó por hacerle comprender que intentar cargar con todo era imposible.
Fue entonces cuando entendió una de las lecciones más importantes de su trayectoria: crecer también significa aprender a delegar, confiar en las personas que te rodean y aceptar que los grandes proyectos no se construyen en solitario.
LA FUERZA DE LAS RAÍCES
En ese camino, el apoyo de su familia fue determinante. Su mamá la acompañó durante las primeras entregas, su abuela le dio el impulso para retomar la venta de joyería y le prestó el dinero con el que inició el proyecto; sus tías se convirtieron en sus primeras clientas y promotoras, mientras que sus hermanos fueron también sus primeros colaboradores.
Más allá del respaldo cotidiano, Sherlyn reconoce que gran parte de su esfuerzo siempre ha estado motivado por ellos. Como la mayor de la familia, buscó demostrarles que los sueños pueden alcanzarse con disciplina, trabajo y perseverancia, sin importar el lugar del que se venga.
Hoy, a sus 28 años, sigue definiéndose como una persona curiosa, creativa y obsesiva con las ideas que realmente la entusiasman. Disfruta seguir tendencias, aunque asegura que nunca adopta algo con lo que no se identifica. Detrás de la imagen seria que muchas personas imaginan, existe alguien que se describe como la más bromista de su grupo de amigos, sencilla y mucho más penosa de lo que aparenta.
Al mirar todo el camino recorrido, el consejo que le daría a aquella joven que apenas comenzaba es simple: dejar de preocuparse tanto y confiar en que el esfuerzo siempre encuentra su recompensa. Porque aquello que durante años consideró solamente un hobby terminó convirtiéndose en la profesión que soñaba sin saberlo.
Y aunque Beso Jewelry representa uno de los logros más importantes de su vida, Sherlyn espera que, más allá de la marca, las personas recuerden a alguien que trabajó con disciplina por cada una de sus metas y que nunca dejó de creer que los sueños, cuando se acompañan de constancia, pueden hacerse realidad.




