Por: Sofia Tijerina
Draw Me a Face es un proyecto realizado por el director Buro Nōto, la maquillista Tiziana Raimondo, el fotógrafo Pierre E. Testard, Marion Année y V & Y, en el que se pidió a niños que dibujaran y decoraran plantillas de rostros, normalmente utilizadas por maquillistas para planear looks antes de trabajar con una modelo.
El resultado fue una colección de rostros creados con total libertad, sin seguir reglas de belleza, proporciones o simetría, que luego fueron recreados por maquillistas profesionales tal como fueron dibujados. Antes de aprender cómo “debería” verse una cara bonita, los niños simplemente plasmaron lo que su imaginación les decía.
Lo que atrajo tanta atención a Draw Me a Face es que es uno de esos proyectos que te hacen reflexionar sobre la creatividad y cómo esta se pierde con el paso del tiempo, ya sea por normas, ideas, estereotipos o, simplemente, por el miedo aprendido a ser juzgado. Cuando a un niño se le pregunta qué es la belleza, es poco probable que se guíe por los estándares ya establecidos en nuestra sociedad, y el proyecto lo refleja a la perfección.
El uso de colores, dibujos y brillo, brindado por la inocencia e imaginación de los niños, es una creación casi irrepetible para un adulto, y aún más en la actualidad, donde somos bombardeados diariamente con estigmas, algoritmos y tendencias. La originalidad ha perdido su significado, y las redes sociales juegan un papel enorme en su desvanecimiento.
Con el tiempo dejamos de crear para empezar a comparar o replicar. Ya no dibujamos un rostro pensando en lo que nos parece interesante, sino en lo que creemos que será aceptado. Los clean looks, efectos desenfocados e imágenes esculpidas, impulsadas por marcas en tendencia como Rhode o Patrick Ta, influyen en nuestra creatividad, y su constante exposición crea ideas monótonas y patrones visuales fijos. Por lo que la imaginación comienza a filtrarse por referencias, estéticas de moda y la necesidad constante de validación, más que por un gusto propio.
Por eso Draw Me a Face resulta tan fascinante. No solo habla de maquillaje o de ilustración, sino de un momento de nuestra vida en el que la creatividad existía sin miedo al error. Nos recuerda que la originalidad no desaparece porque se agote, sino porque poco a poco aprendemos a reemplazarla por aquello que es “correcto”.
Además, incita a hacernos preguntas incómodas: ¿cuándo dejamos de divertirnos?, ¿en qué momento dejamos de romper estigmas? Y, sobre todo, ¿cuándo dejamos que la vida se quedara sin color?
Draw Me a Face nos invita a conectar con nuestro niño interior y a volver a dibujar fuera de las líneas, buscando aquello que sea imaginable antes que creíble.
Referencias:
https://models.com/work/various-editorials-draw-me-a-face—part-1

