
El camino de Marcela Gastélum como maquillista profesional no comenzó con grandes producciones ni pasarelas, sino de manera íntima y natural. Maquillar a amigas y personas cercanas fue el primer acercamiento a un mundo que, con el tiempo, se reveló mucho más profundo que lo meramente estético. “Ahí entendí que el maquillaje no solo transforma un rostro, sino cómo alguien se siente consigo misma”, recuerda. En ese momento el maquillaje dejó de ser un hobby para convertirse en una vocación asumida con seriedad y compromiso.
Como en toda disciplina artística, la evolución fue constante. Al inicio, el foco estuvo puesto en conocer y dominar la técnica. Sin embargo, con la experiencia llegó una comprensión más profunda; el verdadero crecimiento aparece cuando se confía en el propio criterio. “Empezar a experimentar y desarrollar una identidad propia fue clave”, explica. Hoy, su trabajo se reconoce por un estilo definido que refleja no solo habilidad técnica, sino también una visión personal.
Si tuviera que resumir su propuesta estética en tres palabras, sin duda serían: elegante, luminosa y atemporal. Una definición que dialoga directamente con sus principales influencias. Artistas como Patrick Ta, a quien admira por su manejo sofisticado de la piel; Sergio Antón de las Nieves, por su elegancia y trayectoria en belleza de alto perfil; y Mario Dedivanovic, por su técnica impecable, han sido referentes fundamentales en la construcción de su mirada profesional.
En cuanto a las tendencias actuales, se muestra especialmente entusiasmada con el regreso a una piel más natural y trabajada con sutileza. “Las bases ligeras y los acabados luminosos realzan sin cubrir de más. Es una forma de ver la belleza mucho más real y auténtica”, afirma, alineando su discurso con una industria que empieza a valorar lo personal por encima de lo artificial.
Al momento de maquillar a alguien, su prioridad es respetar la esencia. “Lo más importante es que la persona se sienta ella misma. El maquillaje no debería cambiarte, sino potenciar tu seguridad”. Esa filosofía también se refleja en su kit de trabajo, donde no faltan productos de piel de alta calidad, correctores bien formulados, brochas profesionales y texturas en crema que aportan naturalidad. El skincare, asegura, es una parte fundamental del proceso.
Para quienes sueñan con vivir del maquillaje, su consejo es mantener la paciencia y constancia. “Esta industria exige disciplina, práctica y mucha pasión. Además de técnica, es clave entender que el maquillaje también es un negocio: comunicar tu trabajo y construir una marca personal es tan importante como saber maquillar”.
Mirando hacia el futuro, sus metas incluyen seguir creciendo a nivel nacional, participar en proyectos editoriales y de moda, y profundizar su camino como maquillista de novias. Sueña con colaborar con marcas afines a su visión y formar parte de producciones editoriales de alto impacto, donde el maquillaje sea protagonista del concepto visual.
Si tuviera que elegir un producto que la represente, sería un blush en crema. “Le da vida a la piel y hace que cualquier maquillaje se vea más fresco y natural”. Una elección simple, pero coherente con una filosofía que entiende la belleza como algo que se construye desde lo sutil, lo auténtico y lo personal.






