
El inicio del año llega con mesas que se llenan de intención. Entre encuentros pausados, brindis discretos y platillos compartidos, la ciudad comienza a marcar el ritmo de un nuevo ciclo donde la comida vuelve a ser punto de reunión y pretexto para volverse a reunir.
Se perciben conversaciones más largas, reencuentros pendientes y ese deseo colectivo de arrancar con calma un año, rodeados siempre de sabores que reconfortan.






