Nada más mexicano que el tequila! Una bebida con identidad que ha traspasado fronteras haciendo voltear los ojos del mundo a México. Único y originario del país: el cerro de Tequila en Jalisco es el hogar ideal para la siembra de este elixir.
Si bien sus orígenes se remontan al siglo XVI cuando los españoles empezaron a destilar la fermentación del líquido del agave que previamente habían descubierto los grupos prehispánicos, antes distintas culturas le daban diversos usos al agave azul.
Desde la época precolombina fue trabajado por las civilizaciones del lugar, pero solo se extraían ciertos elementos para hacer herramientas de la vida cotidiana. La pulpa se usaba para la manufactura de códices y ofrendas, servía como combustible y madera para la construcción; sus pencas y hojas secas como tejas para techumbres y como carburante; las espinas como agujas para flechas e instrumentos de sacrificio y su piel y sus fluidos como bálsamo medicinal.
En el caso del aguamiel se consideraba un tipo de azúcar, de vinagre y aceite, mientras que la penca se utilizaba para obtener su fibra y formar hilos.
Con el tiempo al aprender a fermentar se descubrió que tenía poderes relajantes y estimulantes.
Cuando se descubrieron las propiedades alcohólicas del agave, solo los sacerdotes fueron los elegidos para consumirla.
Si bien llevado a España causó gran revuelo entre las clases altas, la Corona española comenzó a invertir en infraestructura para que la Nueva España (México) siguiera produciéndolo.
El proceso de destilación que da como resultado el tequila fue también un aporte de los españoles.

El tequila cuenta con un certificado de Denominación de Origen por el que sólo puede producirse en 181 municipios de cinco estados del país: Jalisco, Nayarit, Guanajuato, Tamaulipas y Michoacán.
México lo exporta principalmente a Estados Unidos, pero países como Alemania, España, Francia, Letonia, Canadá, Japón, Reino Unido, Sudáfrica, Francia y Singapur son potentes consumidores de esta bebida.